Primera vez
¿Cuál es la consistencia de esas cosas que sólo pueden hacerse una vez, y no una segunda, y cómo es la conciencia de poder hacer esas cosas o postergarlas? Lo he pensado estos días: podríamos dividir el concepto de las primeras veces; hay cosas que sólo puedes hacer por primera vez una vez en la vida, y una vez hechas el contador es necesariamente acumulativo. A mis 25 aún no sé montar en bici, por ejemplo, así que aún no he vivido mi primera vez montando en bici, pero nunca podré volver a hablar por primera vez, ni me dormiré por primera vez, ni cocinaré por primera vez, ni escribiré por primera vez, ni recorreré por primera vez todas las calles que he recorrido ya, aunque me quede una superficie inconmensurablemente más grande del planeta por recorrer. En una columna están las cosas que ya he hecho al menos una vez; en la otra columna, las otras, las que a lo mejor sólo he imaginado y las que ni siquiera imagino. No hay forma de volver atrás, no se pueden desandar, no se puede vivir dos veces, no hay simulacro ni boceto; como en la letra de Rafael Berrio, que temía haber vivido su vida como si tuviera el don de vivir dos veces, dejado a un lado la que importa en prenda de una vez futura.
Hay un diálogo extraordinario en Mad Men. Don Draper le dice a Faye Miller, una amante relativamente reciente, si mal no recuerdo la trama, que ha conocido a alguien, se ha enamorado y están prometidos. Faye Miller les desea que sean muy felices, y añade: espero que ella sepa que sólo te gusta el principio de las cosas. I hope she knows you only like the beginnings of things. Miller le señala a Draper un rasgo enfermizo de su narcisismo: la búsqueda dopaminérgica del subidón inicial, el chute del comienzo que va enfriándose conforme cuerpo y sistema nervioso se acostumbran a algo, antes de que emerjan los viejos patrones de conducta. Es una suerte de adicción a las primeras veces, a esos principios de las cosas; en esa adicción se guardan también las condenas de todo aquello a lo cual sólo se puede llegar en el tiempo posterior, cuando las ramificaciones posteriores desentierran, elección mediante, cosas nuevas que requieren trabajo, persistencia, insistir en la forma de depositar la atención. Escogiendo siempre las primeras veces, los principios, paradójicamente, se accede a menos primeras cosas, y no a más: se accede a las mismas primeras cosas siempre repetidas.
Qué dulces, no obstante, resultan otras variaciones particulares: la conciencia de las primeras veces con alguien que no se pueden desandar, que podrían cruzarse y que precisamente por eso se retrasan; formas de decir te quiero camufladas para no cruzar el momento de decirlo por primera vez, cuerda que entonces de pronto se tensa, el primer beso, la primera noche durmiendo, primeras conversaciones que convertir en material de análisis futuro, primeros regalos. La peor forma de vivir esos principios o esas primas veces es con la ansiedad de la anticipación, o cuando no se tiene la conciencia de que vayan a suceder, cuando son algo posible o imaginable pero carecen de certezas; cuando se experimentan, en cambio, como algo inevitable, es casi más dulce todo lo que se dice por no decir te quiero que el te quiero en sí mismo, el ejercicio de ingenio o de eufemismo, la labor de contención o el deslizarse como sin darse cuenta. Como en este poema de Frank O’ Hara, que traduzco por aquí, y en el cual a través de una sonrisa you are emptying the world so we can be alone.
Ahora que estoy en Madrid y puedo pensar
Pienso en ti
y los continentes áridos y brillantes
y el fino corazón del que compartes mi parte con el aire americano
cuando los pulmones que he sentido ceder sonoramente lentamente reciben cada mañana
y tus pestañas marrones aletean revelando dos amaneceres perfectos coloreados por Nueva York
mira un puente vasto que se extiende a las periferias humilladas, sólo contigo
De pie al borde de lo morado como un árbol, solo
y en Toledo el suave azul de los olivares mira las colinas con casi
plata casi gafas y el pelo de mujeres mayores
Ya se sabe que Dios y yo no nos llevamos bien
Ya con un vistazo al latón me basta, no me importan los moriscos:
vistas a través de ti las grandes obras de la muerte, tú eres más grande
sonríes y vacías el mundo para que podamos estar solos.
Quizá lo contrario (que, en primera formulación, puede asemejarse a lo más parecido) a la adicción a los principios sea mantener la posición que enunciaba en una canción Bowie: tratar de ser absolute beginners / With eyes completely open. Mi frase favorita de una de mis películas favoritas, Sans Soleil, de Chris Marker, siempre ha sido aquel momento en el que dice:
Le gustaba la fragilidad de esos momentos suspendidos en el tiempo. Esos momentos cuya única función había sido no dejar nada atrás salvo recuerdos. Escribió: He dado la vuelta al mundo varias veces y ahora sólo la banalidad me sigue interesando. En este viaje la he buscado con la tenacidad de un cazarrecompensas.
Buscar los principios absolutos con la tenacidad de un cazarrecompensas.
estoy escuchando: la banda sonora de Marty Supreme



me has hecho recordar esta canción --> https://amamusica.bandcamp.com/track/ver-las-cosas-por-primera-vez